viernes, 11 de noviembre de 2011

Una misma situación, dos reacciones distintas

He de comenzar escribiendo que en realidad ésta no era la entrada que tenía pensada para hoy.

Quería hablaros de Piratilla2 que ya "gatea" o más bien "oruguea" (porque se arrastra como las orugas) y de Piratilla1 y su visita de esta misma mañana a la biblioteca municipal de nuestro barrio con su clase. (Me he quedado tomando un café junto al colegio solo para ver de "estrangis" como salía del cole camino a la "biblio"). Visita, by the way, en la que se encuentra inmerso ahora mismo. (La entrada iba a titularse "hitos" de la semana).

Pero no. Me ha pasado algo, una anécdota en el supermercado y os la voy a contar porque creo que tiene su moraleja o su trasfondo, como prefirais.

Situémonos.

Piratiila2 y yo en la cola del supermercado, tras realizar una pequeña compra mañanera. Mis manos repletas (porque pensaba adquirir dos cosas y han sido seis) y conduciendo la silla del niño (una vez más debería haberme inclinado por ir con la "mei"... cachislamarsalada).

Delante nuestro un chico joven, detrás una mujer ("chica" si quereis puesto que sería de mi edad, ejem ejem). Los tres más o menos con parecido volumen de compra.

Al verme el chico, muy amablemente, me ha querido ceder el paso puesto que yo llevaba un bebé. ¡Me dejaba pasar primero en la cola!! No me lo podía ni creer. Piratilla2 estaba tranquilo mirándolo todo así que se lo he agradecido varias veces, le he dicho que no era para nada habitual que alguien se tomara la molestia de ofrecer lo que él me estaba ofreciendo y que como el niño estaba tranquilo esperábamos nuestro turno.

Sin embargo, la mujer que teníamos detrás debía de llevar prisa (cuanto menos) porque sin darme tiempo a descargar la compra de mis brazos ya estaba inentando poner su compra en la cinta de la caja. He tenido que adelantarme porque, aun no teniendo la seguridad sobre sus intenciones, tengo la impresión (y repito, la impresión)... bueno ya os lo imaginais...

Me quedo con lo positivo. Con ese chico que con tanta delicadeza nos ha ofrecido que pasáramos primero para que Piratilla2 (y yo con él, claro) no tuvieramos que esperar más que lo estrictamente necesario.

¿Qué os parece?

jueves, 10 de noviembre de 2011

Cuando un virus "se instala" en nuestra casa

Nuestro universo hogareño se vuelve aún más del revés si cabe.

Y es lo que está sucediendo estos días.

Creo recordar (no soy demasiado amante del género de terror porque lo paso de pena y luego no consigo dormir en días) que en las películas sobre vámpiros la primera advertencia que se hacía era que uno no entraba en casa salvo que se le invitase. Pues con los virus pasa igual.

Piratilla1 es el pobrete que generalmente los trae a casa (niños-cole-temporada otoño invierno igual a temporada alta de -itis).  Pero los virus, como genuinos invitados no deseados, no tienen suficiente con conseguir que Piratilla1 esté pocho unos días, sino que deciden aposentarse unos cuantos días más y atacar al resto de la familia.

Capitán Pirata se suele quedar los catarros y yo parece que siento debilidad por los que te machacan el estómago: dícese gastroenteritis por ejemplo (como la que mi pobre cuerpo maltrecho sufre desde ayer).

Piratilla2, de momento, parece que se inclina por los mocos, aunque con siete meses que cuenta actualmente es demasiado pronto para acertar con sus inclinaciones (o más bien puntos débiles) al respecto.

Dicen que poco a poco, cada año, cada curso, se inmunizan mejor y vas dejando atrás estos malos ratos. Yo no veo el momento para que suceda porque el tema de las enfermedades, por vanales que sean, lo llevo mal mal mal.

Y en estas estamos... de -itis y fuera lloviendo. Buena combinación para detestar cada año más el otoño-invierno.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Llevo días...

Llevo días "rumiando", con un runrun que me acompaña desde hace unos meses y no me deja estar tranquila. Porque no me gusta lo que pienso: no me gusta cuando actúo así y porque no sé cómo evitarlo.
 
Llevo días pensando en la herencia educacional y en escribir sobre ello, pero no consigo arrancar. Quizás aquí y ahora sea lo adecuado. En realidad son preguntas que me hago: ¿Cuánto tenemos de esa herencia educacional en nuestros actos?, ¿somos conscientes de ella?, ¿estamos de acuerdo con ella?, ¿nos alegra, nos incomoda, nos pesa?, ¿es inevitable o se puede borrar?, ¿la aceptamos?.
 
Llevo días queriendo escribir sobre la idea de "ser madre de dos". De contaros mis más y mis menos porque una vez más no solo disto mucho de ser perfecta sino que cada vez me alejo más de ello.

Llevo días con la sensación casi física, palpable de que la paciencia se me escurre de entre mis manos y no consigo entender por qué no puedo retenerla, por qué no puedo guardarla y emplearla.

Llevo días rehuyendo esas lecturas que tanto me han reconfortado, enseñado y acompañado desde que empecé mi maternidad. Esas teorías que han calado tan hondo en mi pensamiento y que a veces me duelen porque me recuerdan que no siempre consigo llevarlas a la práctica.

Llevo días sintiendo que La Culpa me da la mano, se convierte en mi sombra y no deja que me perdone ni avanzar.

Llevo días recriminándome mi necesidad de ser la madre perfecta cuando quizás sería mucho más justo reconocer mis limitaciones y ponerles solución.
 
Llevo días queriendo expresar con palabras cuánto lamento perder los nervios y gritar. Cuántos remordimientos siento y lo poco o nada que creo que puede servir esta actitud cara a nuestros hijos. Yo soy su espejo y su ejemplo. No sirve de nada que les guie si ese es el reflejo que perciben.

Llevo días pensando que en esos casos lo único que puedo hacer es pedir perdón a mi hijo mayor, a mi piratilla y demostrarle que no soy perfecta pero que me doy cuenta de mis equivocaciones y que no me molesta pedir perdón cuando es necesario. Él es generoso y me perdona y olvida. Un sabio ejercicio que muchas veces los adultos olvidamos.

Llevo días intentando justificarme, intentando sentirme mejor. Hacer borrón y cuenta nueva.

Y ayer,  revisando en el buzón de entrada, veo esta entrada del Blog de Sarai Llamas:

Y me siento identificada. Y pienso: "yo no lo podría expresar mejor".

domingo, 6 de noviembre de 2011

La inmediatez como concepto vital de mis hijos

La inmediatez como concepto vital de mis hijos

Sábado. Mediodía. Capitán Pirata (que Dios guarde muchos años) va a salir "de expedición" (entiéndase, a hacer recados). Se va a llevar con él a los Piratillas. Me pide que prepare a Piratilla2. Me dispongo a ello. Como hace frío le pongo su buzo-osito (con orejillas en el gorro), le abrigo con su bufanda y le siento en la silla de paseo con el saco de invierno. - "Listo" - anuncio.
Y en ese preciso instante Capitán Pirata (que Dios guarde muchos años) decide que es el mejor momento del mundo para tender la ropa. Debo anotar en su descargo que me parece genial el hecho de que compartamos tareas sin tener que perseguirle por la casa insistentemente para los quehacereres. Peeeeero hay algo que se llama (y aquí viene la idea del título): La inmediatez como concepto vital de mis hijos (e imagino que igualmente válido para todos los niños).

La consecuencia empírica de tal título: Piratilla2 protesta enérgicamente porque está preparado para salir. Ya. De inmediato. Ipso facto. Y no entiende por qué no se hace. No comprende de minutos, de "espera un poquito", de "acabo enseguida". Es un bebé. Y ya está.

Creo que después de explicado este concepto convenientemente a Capitán Pirata, éste tomará las medidas pertinentes la próxima vez.

Lo he escrito en clave de humor (o por lo menos, era mi intención) pero en realidad, es la pura verdad.

No son conscientes del tiempo, no al menos al uso de los adultos. Tienen su propio concepto: "el tiempo de los duendes" lo titulé en un relato corto hace un tiempo. A su ritmo, con sus propias prioridades, con sus propias necesidades, adaptadas a su edad, a su vida, a su día a día.

Ellos aún son capaces de pararse a admirar el detalle más simple o para escuchar la melodía que surge del violín de un musico callejero.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Libros infantiles. Carnaval de blogs "Estamos leyendo"

El siguiente artículo forma parte de la iniciativa Estamos Leyendo, un Carnaval de Blogs iniciado por Amor Maternal para fomentar la lectura con los hijos y recopilar libros con historias positivas.

Estamos Leyendo. Carnaval de blogs de Amor Maternal

Amor Maternal comienza un nuevo carnaval y yo siento debilidad por sus carnavales.

Puesto que hablamos de libros no me decidía si participar con este blog o con El baúl de Mon . Pero aquí estamos en "Entre mimos y juguetes", mi pequeño espacio personal.

Bien. Yo elijo para estae carnaval un clásico.
"El Principito". De Antoine de Saint-Exupéry.
En esta edición concreta: Edición Pop-up. Editorial Salamandra.

"El Principito" ha formado parte de la biblioteca de mi casa desde siempre. Mi padre, gran lector, siente fascinación, con razón, por este libro. En versión original, en francés, o traducido al español, ambas ediciones siguen en casa. Y cada vez que elijo una de sus páginas al azar me sigo asombrando por su sentido y su magia. No conozco un autor con mayor capacidad para ver a través de los ojos de un niño, con mayor capacidad para seguir siendo un niño, para ponerse en la piel de un niño.

Como no, mi padre ya les ha regalado el libro a sus dos nietos. En la edición Pop-up. Mi hijo mayor, Piratilla1, lo está descubriendo ahora, poco a poco y le encanta que le lea el diálogo en el que el Principito le pide al piloto perdido que le dibuje un corderito (¡qué recuerdos! mi padre me enseñaba francés con ese libro y recuerdo perfectamente ese diálogo).

Creo que "El Principito" no hay que recomendarlo, no es necesario. Hay que descubrirlo y disfrutarlo.


jueves, 3 de noviembre de 2011

La vida es un juego (para Piratilla1)

Definitivamente, para Piratilla1 la vida es un juego. Sí, para Piratilla2 también, más aún si cabe puesto que es un bebé, de hecho no me costaría nada creer que probablemente para él la vida sea "teta".

Pero es que en el caso de Piratilla1, ésta es una frase que me digo casi prácticamente cada noche, cuando finiquitamos el día y ambos están ya en los brazos de Morfeo.

La vida es un juego. Y cuando escribo la vida me refiero a todo, todito, todo. Cada cosa, cada momento, cada situación. Durante tdo el día. Sea lo que sea, todo puede ser digno de ser tocado, de ser usado para jugar y para imaginar. Todo puede ser lo que es y un millón de cosas más.

Simple pero agotador.

Agotador porque soy "la adulta" y ya no pienso como cuando era niña (una pena la verdad), porque desapareció ya toda esa magia y esa frescura, porque ya no tengo ni la energía ni la imaginación, porque estoy contaminada, llena de etiquetas, recomendaciones, consejos, miedos, dudas que se entremezclan. Porque muchas veces no le entiendo, porque me canso, porque tenemos prisa, porque... porque... porque....

¿Y él? ¿no es feliz? ya lo creo. Mucho.

Le envidio. De verdad, de corazón. LE ENVIDIO.

Y aquí lo dejo, Piratilla2 me reclama.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Hace un día de perros

O por lo menos a mí así se me antoja esta mañana. Así que por más que llevo un rato sentada con el portátil, mirando la plantilla del blog para las nuevas entradas, no consigo encontrar nada medio decente que contar. Me falta la inspiración y la culpa es del día de perros que hace. Seguro.

Quizás tenga que ver el hecho de que a pesar de ser miércoles, eso sea teórico y en la práctica estemos a lunes, dado que hemos disfrutado de un estupendo puente que terminó ayer.

Quizás tenga que ver con el día que hace. Otoñal. Otoñal, sí, pero "otoñal-perroperro" no otoñal, plácido, templado y de viento sur con el sol en lo alto, de los que te alborotan y alborotan a los niños (como los que recuerdo de mi infancia en mi pueblo, en la costa. Recuerdo esos días y recuerdo a mi madre que nos decía, "hoy hace tiempo de palomas").

Fuera suena una ventolera impresionante. Lo oigo, sin parar. Os lo dije, vivimos en la Patagonia española, el viento no te deja ni a sol ni a sombra, en cualquier estación del año y con la consiguiente sensación térmica desagradable en invierno (que por cierto, aquí dura ocho meses de doce).

A la par que el viento, llueve. El día por tanto es gris plomizo y como tal, triste.

Y es un rollo porque a mi cabeza y a mi corazón le gusta el sol, el calorcito, la luz. No me gustan los días como hoy (estareis pensando, "ay niña, y lo que te rondaré morena"). No sé yo si en otra vida debí ser lagartija.