Quiero aprovechar esta entrada para enlazaros con el blog Mimos y Teta y su siguiente entrada:
Vídeos: Crianza con apego y Lactancia en TV
Ahora mismo he terminado de ver el vídeo en el que se entrevista a Rosa Jové. Como siempre que la escucho o la leo, siento que sus afirmaciones son lúcidas, claras, lógicas y sencillas. Y me alegra ver que cada vez se habla más y en más entornos de la crianza con apego.
Rosa Jové: Es verdad, cuanta razón. Porque se lo debemos, porque nos enseñan, porque lo valen.
Nohemí: Gracias por encontrar y colgar en el blog estos vídeos.
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martes, 15 de noviembre de 2011
sábado, 12 de noviembre de 2011
Nubes negras
Juro que cuando decidimos volver a ser padres pensé que todo iría rodado. Me apetecía mucho volver a ser madre, estaba orgullosa de la familia que estabamos formando, del vínculo con mi hijo, de la armonía familiar. Avanzábamos etapa por etapa, aprendiendo juntos. Eso fue lo que más me animó.
Cuatro en casa, era cerrar un círculo que habíamos comenzado dos cuando nos dimos la mano por primera vez a escondidas de todo el mundo, incluso de nosotros mismos y de nuestros sentimientos.
Y somos cuatro. Y soy feliz, lo soy, pero nada es como intento ( como quiero que sea). Y me pongo en el centro de este pensamiento. Desde que nació mi segundo hijo parece que no consigo hacer nada a derechas, nada como debiera, como siento que deseo ser. Al revés juraría que me alejo más y más del ideal de madre que mi mente llevaba tiempo construyendo (consciente o inconscientemente).
No me encuentro, no me hallo, siento una dualidad como madre. A veces parezco dos madres primerizas en vez de "madre por segunda vez". Me sé la teoría (la que quiero aplicar), creo firmemente en... y luego... una y mil veces al cabo del día exploto, me rindo, me siento sobrepasada.
- "Tranquila, todo será más fácil". Tal vez sí, tal vez no... Evidentemente hay realidades que ya conozco y me las tomo con otra templanza pero aun y todo cada día hay más de un momento que me lleva a la reflexión más profunda y enrabietada. Tengo la sensación de haber cambiado, de sufrir una especie de desdoblamiento que me convierte en.... madre y madrastra malvada, en hada y en bruja mala... En la madre que soy y la que quiero ser.... y siento, cansada, que vivo una lucha constante con el universo completo.
Cuando suelo llegar a este extremo siempre veo apenada quien paga mi falta de ubicación (o esa sensación constante de encontrarme perdida). Piratilla1, mi hijo mayor, al que exijo más de lo que debiera y con el menos paciencia tengo.
Odio pensar en la posibilidad de fallar a mis hijos, en no saber darme entera, completa; en el hecho de estar siendo el peor ejemplo; en fallarles a la hora de ofrecerles los valores, las herramientas necesarias para que afronten la vida con valentía, con tesón y con corazón.
En resumen: mi cabeza es una mezcla de caos mental y centrifugadora a toda pastilla.
domingo, 6 de noviembre de 2011
La inmediatez como concepto vital de mis hijos
La inmediatez como concepto vital de mis hijos
Sábado. Mediodía. Capitán Pirata (que Dios guarde muchos años) va a salir "de expedición" (entiéndase, a hacer recados). Se va a llevar con él a los Piratillas. Me pide que prepare a Piratilla2. Me dispongo a ello. Como hace frío le pongo su buzo-osito (con orejillas en el gorro), le abrigo con su bufanda y le siento en la silla de paseo con el saco de invierno. - "Listo" - anuncio.
Y en ese preciso instante Capitán Pirata (que Dios guarde muchos años) decide que es el mejor momento del mundo para tender la ropa. Debo anotar en su descargo que me parece genial el hecho de que compartamos tareas sin tener que perseguirle por la casa insistentemente para los quehacereres. Peeeeero hay algo que se llama (y aquí viene la idea del título): La inmediatez como concepto vital de mis hijos (e imagino que igualmente válido para todos los niños).
La consecuencia empírica de tal título: Piratilla2 protesta enérgicamente porque está preparado para salir. Ya. De inmediato. Ipso facto. Y no entiende por qué no se hace. No comprende de minutos, de "espera un poquito", de "acabo enseguida". Es un bebé. Y ya está.
Creo que después de explicado este concepto convenientemente a Capitán Pirata, éste tomará las medidas pertinentes la próxima vez.
Lo he escrito en clave de humor (o por lo menos, era mi intención) pero en realidad, es la pura verdad.
No son conscientes del tiempo, no al menos al uso de los adultos. Tienen su propio concepto: "el tiempo de los duendes" lo titulé en un relato corto hace un tiempo. A su ritmo, con sus propias prioridades, con sus propias necesidades, adaptadas a su edad, a su vida, a su día a día.
Ellos aún son capaces de pararse a admirar el detalle más simple o para escuchar la melodía que surge del violín de un musico callejero.
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