viernes, 2 de marzo de 2012

La belleza suspendida en una tarde de marzo

Alrededor de las siete de la tarde. Paseo del Espolón.
 
Unos músicos ambulantes tocan una melodía. Es una pareja joven. Ella interpreta con la flauta travesera. No conozco el nombre del otro instrumento.
 
La música invita a pararse un momento, más de un momento. Es tan sugerente que pronto se forma un corrillo de gente que disfruta de los sonidos. Cierro los ojos un instante. Las notas se suceden de una manera que te envuelve, te sugiere, te relaja. Me entran ganas de poner letra a este instante.
 
Ahora que lo pienso, me resulta curioso y gratificante observar que alrededor nadie tiene prisa. Los niños juegan, los adultos escuchan durante bastante rato, aplauden, suena incluso un “bravo”. Hay padres, bueno yo misma, que acercan a sus bebés para que escuchen la música. Es bella. Esa es la palabra, es sencilla y bella.

Y lo mejor, alrededor descubro que todavía queda quien sabe descubrirla y apreciarla.

2 comentarios:

  1. El poder de la música de "amansar a las fieras" hace hasta parar el tiempo a nuestra sociedad estresada e hiperestimulada.
    Pero claro, con flautista... así cualquiera, jeje.
    Besos,
    Ana

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