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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Felices fiestas 2012

Felices fiestas



Manualidad hecha por N.

Volvamos a ser niños, recuperemos la magia y la ilusión y disfrutemos realmente de estas fechas.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Felíz Navidad



La foto que os dejo en esta entrada pertenece a la felicitación navideña de la parroquia de mi barrio. Junto al Nacimiento, podeis leer:

"Con hebras del corazón,
le está tejiendo una nana
la Virgen al niño Dios.
¡Ya tiene nombre el Amor!
En el pecho de María
se ha dormido el Redentor."

Navidad 2011

Felices, mágicas y entrañables fiestas para todos. Sed muy felices y disfrutad de los vuestros en paz y armonía verdadera.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Recordando Navidades del pasado

Hoy me han pedido que recuerde las Navidades de mi infancia:

Si cierro los ojos creo que aún puedo recordar ciertos detalles, ciertas imágenes e incluso olores y sabores.

Cuando era niña las Navidades eran alegres, eran excitantes, eran especiales. Por qué, pues simplemente porque era Navidad.

Recuerdo que me parecían las vacaciones más especiales del año. Que solía desear que nevara, algo difícil puesto que vivíamos en la costa pero yo me empeñaba en desearlo cada año. Unas navidades blancas.

El día de Santo Tomás y los pintxos de chistorra.

Vestirme de casera.Bueno, mi madre nos vestía de caseras. Costumbre.

En mi pueblo además el 24 a la mañana la gente salía a cantar y a pedir el aguinaldo. ¿Se seguriá haciendo?

Recuerdo los viajes a Pamplona en el Renault 6 de mi padre. El puerto de Azpiroz, la carretera y sus curvas (buf que mala me ponía). Los viajes con mi hermana en la parte de atrás del coche, yo siempre dormida para no marearme. Las llamadas de mis tíos para que nos diéramos prisa porque en Pamplona había empezado a nevar y acabarían cortando la carretera. En el puerto.

El cumpleaños de mi madre el día de los Santos Inocentes y las bromas de mi amona (abuela en vasco), mi abuela materna.

Mi abuela materna. La amona (como digo abuela en vasco) es de por sí mi mejor recuerdo. Ella en la cocina, ella mimándonos, ella y sus conversaciones, ella presidiendo la mesa, ella cuidándonos, ella celebrando, cantando. Siempre presente, pilar-matriarcado, todos alrededor de ella y ella uniéndonos a todos, como base familiar, como piedra angular. La recuerdo adornando la casa o escribiendo postales de Navidad.

El hamaiketako con chorizo cocido y carne cocida el día de Navidad y el de Año Nuevo.

Y mi abuela en la cocina, todas las santas fiestas, con todo el berenjenal y una sonrisa perenne.

Cuando fui algo más mayor compraba kilos de postales navideñas y escribía a  todo "pichichi". A un escuadrón de amigos repartidos por la geografía más extensa que os podais imaginar. (Lo de las postales, heredado de mi abuela también).

La lotería de Navidad y los trescientos milloooooooooooooooooones de peseeeeeeeeeeeeeeeeetas. (¿Eran trescientos?)

Las tardes con mi padre, que me llevaba al cine. Aún recuerdo... "Indiana Jones y el templo maldito". Salí enamorada de Harrison Ford... bueno en realidad de Indiana.

Las tardes viendo belenes o las luces en la ciudad. Incluso los escaparates.

Los menús navideños. Las croquetas y los huevos rellenos de mi abuela materna. Más tarde recuerdo a mi madre en ese papel, comprando, cocinando.

Los especiales en la tele de Nochevieja después de las uvas.

Mi madre y sus disfraces. Siempre nos sorprendía en las reuniones familiares con algún disfraz. Se las apañaba con lo que tenía en casa, de aquí y allá, con mucha imaginación y más ilusión que nadie. Era la alegría de la huerta.

Las noches de Reyes, los nervios a la hora de irnos a dormir y los despertares de madrugada. En la familia de mi madre la tradición era levantarnos de madrugada para abrir los regalos y tomarnos algo calentito con algún dulce o turroncillo.

Recuerdo luces, frío, abrigos, guantes, bufandas, gente, reuniones, alegría. Presencias fundamentales mi madre y mi amona. Todo perfecto, claro, visto desde mis ojos de niña, desde la inocencia, desde la magia. Sin dobleces, sin hipocresía.

Sin duda alguna era la mejor época del año.

Gracias Eva, por hacerme recordar.

martes, 13 de diciembre de 2011

Como una "madalena"

Llega la Navidad.

Obvio, no creo que este hecho se le haya escapado a nadie a estas alturas. Estuve intentando pensar una entrada especial acorde con las fechas pero aún no he conseguido nada especial, ocurrente o al menos gracioso. Aun y todo me resisto a no escribir sobre ello:

De la estela navideña, regresan en el horizonte, las cenas familiares y toda una serie de accesorios y complementos varios para llamar nuestra atención (o la de nuestro bolsillo). Estas fechas se visten de vistosas luces, anuncios publicitarios emotivos y pegadizos, villancicos y buenos propósitos. Y  (aquí es donde quería llegar yo con el título) como cada año (no falla), como cada diciembre, una servidora, se pone en “modo madalena” y se emociona con todo alrededor. Y juro que cuando digo todo es todo, desde el ambiente navideño del mercadillo de la plaza de la catedral hasta la función del colegio de Piratilla1.

Se me caen las lagrimillas cuando recibo una felicitación por vía postal, con sobre y sello, como antaño. Cuando recuerdo a mis seres queridos que ya no nos acompañan, cuando veo el anuncio de la lotería nacional, cuando decoro la casa o cuando paseamos con los niños para ver las luces navideñas de la ciudad. Durante las campanadas o la noche de Reyes (que aún me sigue pareciendo mágica a estas alturas de mi vida), verles abrir sus regalos, una música, un gesto, una frase reclamo publicitario especial para estas fechas desata mis emociones exponencialmente y durante las siguientes semanas me dedicaré a esconderme cada vez que se me escapa una lágrima.

Valiente contrasentido el mío, puesto que las fiestas de Navidad me dan pereza (me pasa como con los chales de lana y las perlas, me estoy haciendo mayor y algo asocial). Si bien hace años me encantaban, ahora me encuentro inmersa en sentimientos contradictorios. Por un lado, la alegría delos piratillas ha hecho que estas fechas recuperen la luz que pudieron tener años atrás. No obstante, supongo que a pesar de todo no podré recuperar la magia que sentía de niña.

No sé a qué es debido ni por qué de estas sensaciones, noña que es una, y de lagrimón fácil (debo ser dada al drama), pero llega diciembre y así es como me siento.

Posdata: queda pendiente la entrada sobre mis reflexiones de fin de año, repaso de doce meses.